Polémica
Baneado en Valorant por las trampas del dueño anterior de su CPU

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El sistema antitrampas de Riot Games, Vanguard, es uno de los más agresivos del sector: opera a nivel de kernel, analiza el hardware del equipo y toma decisiones que pueden resultar en prohibiciones permanentes. Ahora, un caso protagonizado por un jugador alemán ha puesto en evidencia uno de sus flancos más polémicos: la posibilidad de ser baneado en Valorant por las trampas que cometió el propietario anterior de su procesador, no él mismo.
Un Ryzen 7 con un historial comprometido
Según recoge Kotaku, el jugador adquirió una CPU de segunda mano —concretamente un procesador AMD Ryzen 7— sin saber que su propietario anterior había utilizado ese mismo hardware para hacer trampas en Valorant. Vanguard, que vincula sus registros de sanciones al identificador único del hardware, detectó la coincidencia y ejecutó el baneo de forma automática. El resultado: el nuevo propietario cargó con las consecuencias de los pecados del anterior, sin haber infringido ninguna regla por su cuenta.
Riot y el dilema del HWID ban
Las sanciones por hardware, conocidas como HWID bans (Hardware ID bans), son una herramienta habitual en los juegos competitivos con problemas graves de tramposos. La lógica es sencilla: si se banea una cuenta, el infractor simplemente crea otra. Si se banea el hardware, el coste de evasión aumenta considerablemente. Sin embargo, este caso ilustra el problema estructural del sistema: el hardware cambia de manos, se vende y se compra, y la identidad de quién lo usa no es permanente.
Según el relato del afectado, Riot le comunicó que la única solución posible sería reemplazar el PC al completo, lo que implica un desembolso económico nada despreciable para un jugador que simplemente quiso ahorrar comprando componentes de segunda mano. La respuesta del servicio de atención al cliente no dejó margen para una revisión manual del caso ni para apelar con éxito.
Una comunidad dividida entre comprensión y crítica
El caso ha generado reacciones encontradas en la comunidad de Valorant. Una parte defiende que Riot no tiene forma de verificar quién usa realmente el hardware en cada momento, y que cualquier excepción crearía una vía de escape explotable por tramposos que aleguen haber comprado el componente a un tercero. Otra parte considera que el sistema falla cuando castiga a usuarios inocentes sin posibilidad real de recurso, especialmente cuando el mercado de segunda mano de componentes es una práctica completamente legal y extendida.
El episodio reabre el debate sobre los límites éticos y técnicos de los sistemas antitrampas más invasivos del mercado, y plantea una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto es aceptable que un juego free-to-play penalice a un jugador por algo que ocurrió antes de que siquiera lo instalara?
Fuentes: Kotaku