Polémica

Comprar una RTX 5090 ahora exige firmar un contrato de lealtad: sin exportación ni reventa

Comprar una RTX 5090 ahora exige firmar un contrato de lealtad: sin exportación ni reventa

por Egoi Cantero | hace 1 semana

Generado con IA

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La tensión geopolítica y las restricciones a la exportación de tecnología avanzada están llegando a extremos insólitos para los consumidores. Según varios compradores, adquirir una Nvidia RTX 5090 en tiendas como Micro Center en Estados Unidos ya no es tan sencillo como pagar y llevarse la tarjeta a casa: los establecimientos están exigiendo identificación oficial y la firma de un documento que prohíbe expresamente la reventa y la exportación del producto.

«NO EXPORT – NO EXCEPTIONS»: el documento que está sorprendiendo a los compradores

El texto del acuerdo que algunos clientes están siendo obligados a firmar incluye la frase «NO EXPORT – NO EXCEPTIONS» (sin exportación, sin excepciones), un lenguaje que refleja la presión regulatoria que el gobierno estadounidense ha impuesto sobre los chips de alto rendimiento en los últimos años. Las restricciones buscan evitar que hardware de última generación llegue a determinados países, especialmente en el contexto de las tensiones entre Estados Unidos y China en torno a la inteligencia artificial y la computación de alto rendimiento.

Una consecuencia directa de las políticas de exportación de chips

Aunque las restricciones de exportación de semiconductores avanzados llevan tiempo en vigor a nivel corporativo, su traslado al retail de consumo supone un paso sin precedentes. Los compradores habituales de tarjetas gráficas no estaban acostumbrados a este tipo de procesos, propios de la adquisición de equipamiento industrial o militar. La situación ha generado debate en comunidades de enthusiasts de PC, donde muchos usuarios ven en estas medidas una intrusión desproporcionada en una compra de consumidor corriente.

Cabe recordar que la RTX 5090 es la tarjeta gráfica más potente del mercado para uso doméstico, con un precio de salida superior a los 2.000 dólares. Su capacidad de cómputo la sitúa en una categoría que los reguladores consideran sensible, lo que explica —aunque no necesariamente justifica para muchos consumidores— el nivel de escrutinio al que están siendo sometidas estas transacciones.

La polémica pone de manifiesto cómo la guerra tecnológica entre grandes potencias está afectando cada vez más al usuario final, que ahora debe demostrar su identidad y comprometerse por escrito antes de poder comprar hardware de consumo de alta gama. Una situación que, según los expertos, podría extenderse a otros productos si las restricciones se endurecen.

Fuentes: Kotaku


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