Análisis
Esoteric Ebb, análisis: un juego indie que abraza la burocracia como mecánica y sale victorioso

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Esoteric Ebb es el tipo de juego que cuesta explicar en una cena. «Eres un funcionario gubernamental que se queda atascado», dices, y la gente asiente educadamente sin entender del todo. Pero esa descripción, aparentemente gris, esconde uno de los indies más personales y extraños de los últimos meses, una propuesta que ha llamado la atención de Eurogamer y que merece más visibilidad de la que está recibiendo.
La premisa es deliberadamente absurda: encarnas a un burócrata despistado, leal a una jerarquía que no termina de funcionar, en un mundo que mezcla lo kafkiano con toques de humor negro y situaciones que se escapan constantemente del control del jugador. Según la crítica de Eurogamer, hay algo «profundamente reconfortante» en ser ese personaje torpe, en aceptar que eres el eslabón más débil de una cadena y, aun así, encontrar pequeños momentos de agencia: hacer algo travieso, inesperado o simplemente emocionante.
La burocracia como mecánica, no como castigo
Lo que hace interesante a Esoteric Ebb es que no usa la burocracia como obstáculo frustrante al estilo de muchos juegos de gestión, sino como material narrativo y tonal. Las reglas existen, sí, pero el juego te tienta constantemente a saltártelas o a interpretarlas de forma creativa. Es un diseño que recuerda, en espíritu, a obras como Papers, Please o Disco Elysium, aunque con una voz propia bastante diferenciada.
El juego no es perfecto: la crítica señala que en algunos momentos la propuesta se vuelve más difusa de lo deseable, y que ciertos jugadores pueden no conectar con su ritmo pausado y su humor particular. Pero para quienes sintonicen con su frecuencia, ofrece una experiencia genuinamente original en un mercado indie donde cada vez cuesta más sorprender.
En definitiva, Esoteric Ebb es uno de esos juegos que no van a gustar a todo el mundo, pero que los que lo disfruten van a recordar durante mucho tiempo. Una apuesta valiente por la rareza en el buen sentido del término, y una demostración de que la burocracia, bien manejada, puede ser fascinante.
Fuentes: Eurogamer