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Un prometedor mod que añadía un modo PvP multijugador a The Last of Us Part II en PC nunca verá la luz. Su creador ha confirmado que Sony Interactive Entertainment se puso en contacto con él directamente para pedirle que no lanzara el proyecto al público, y que ha decidido acatar la petición. La noticia ha sacudido a la comunidad de modders y ha reabierto el debate sobre hasta dónde pueden llegar las modificaciones de terceros en los títulos de las grandes compañías.
El mod en cuestión llevaba meses en desarrollo y pretendía implementar un sistema de enfrentamiento entre jugadores que la propia Naughty Dog nunca llegó a entregar de forma oficial. Recordemos que el estudio anunció en su día The Last of Us Online, un juego multijugador independiente ambientado en el mismo universo, pero el proyecto fue cancelado en diciembre de 2023 alegando que su desarrollo habría comprometido todos los recursos del estudio durante años. La ironía no ha pasado desapercibida: un fan estaba a punto de ofrecer gratuitamente lo que Sony decidió no construir.
Según el propio modder, Sony no le amenazó con acciones legales directas, pero la presión fue suficiente para que detuviera el trabajo. Este tipo de intervención —informal pero efectiva— es cada vez más común en la industria. Las compañías suelen ampararse en sus acuerdos de usuario final y en los derechos de propiedad intelectual para justificar estas peticiones, aunque rara vez llegan a los tribunales cuando el modder accede a retirar el contenido.
El caso pone sobre la mesa una tensión que lleva años presente en el sector: ¿hasta dónde tienen derecho las desarrolladoras a controlar lo que los jugadores crean con sus juegos? La comunidad modding de PC ha construido históricamente sobre el trabajo de las grandes compañías, y en muchos casos esas modificaciones han dado lugar a géneros enteros —el battle royale, el MOBA— o han resucitado franquicias que llevaban años abandonadas. Sin embargo, cuando un mod toca áreas sensibles como el multijugador de pago o la propiedad intelectual más valiosa, Sony, Nintendo y otras compañías suelen actuar con rapidez.
Lo que resulta especialmente llamativo en este caso es el contexto. The Last of Us Part II Remastered llegó a PC con el modo No Return, pero sin ningún componente online. El apetito por un multijugador en este universo existe, como demostró el interés que generó The Last of Us Online antes de su cancelación. Que un desarrollador independiente y sin ánimo de lucro haya estado a punto de cubrir esa demanda, y que Sony haya elegido cerrar esa puerta, dice mucho sobre cómo la compañía gestiona su IP más rentable fuera de los canales oficiales.
La comunidad ha reaccionado con una mezcla de decepción y comprensión. Algunos modders señalan que Sony podría haber optado por colaborar o simplemente ignorar el proyecto, como han hecho otras compañías en el pasado. Otros recuerdan que los derechos legales siempre están del lado de los propietarios de la IP, y que el modder tomó la decisión más prudente al retirarse sin pelea. El debate, en cualquier caso, está más vivo que nunca.