Polémica
Un eurodiputado sabotea el debate sobre Stop Killing Games con un discurso anti-woke

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El Parlamento Europeo ha abierto por fin el debate sobre Stop Killing Games, el movimiento ciudadano que exige a las compañías de videojuegos mantener sus títulos operativos tras su venta o, al menos, proporcionar a los jugadores los medios para hacerlo funcionar de forma independiente. Sin embargo, lo que podría haber sido una sesión histórica para los derechos digitales de los consumidores quedó empañada por la intervención del eurodiputado eslovaco Milan Uhrik, del partido de extrema derecha Republika, quien aprovechó el turno de palabra para lanzar una diatriba contra la «ideología woke» en los videojuegos.
Uhrik, en lugar de centrarse en la cuestión principal del debate —la responsabilidad legal de los editores cuando desactivan servidores de juegos ya pagados por los usuarios—, señaló a Assassin's Creed Shadows como ejemplo de lo que, según él, está «destruyendo los videojuegos», y cargó contra los títulos en los que «se juega como un personaje queer». Su intervención, que apenas guardaba relación con el tema en cuestión, fue recibida con críticas generalizadas tanto dentro como fuera del hemiciclo.
Stop Killing Games: qué está en juego realmente
La iniciativa Stop Killing Games, impulsada principalmente por el creador de contenido Ross Scott y respaldada por cientos de miles de firmas en toda Europa, busca que los legisladores establezcan un marco legal que impida a las desarrolladoras «matar» sus propios juegos de forma unilateral una vez que los jugadores ya los han adquirido. Casos como The Crew de Ubisoft, desactivado permanentemente en 2024 sin posibilidad de juego offline ni reembolso, son el detonante de este movimiento que ha logrado llevar la cuestión hasta el Parlamento Europeo.
La intervención de Uhrik no solo fue irrelevante para el fondo del asunto, sino que activamente perjudicó la imagen del debate en un momento clave. Varios observadores y periodistas especializados señalaron que mezclar la discusión sobre derechos digitales con una cruzada cultural contra la «agenda woke» es una táctica que distrae la atención pública de un problema real y urgente que afecta a millones de consumidores europeos, independientemente de sus ideologías.
Un debate que merece ser tomado en serio
Más allá del ruido generado por Uhrik, lo relevante es que el Parlamento Europeo está discutiendo activamente este asunto, lo cual supone un avance significativo para el movimiento. Si se aprobara algún tipo de regulación, las compañías estarían obligadas a garantizar la longevidad de sus productos o, en su defecto, a proporcionar parches que permitan a los jugadores mantener los juegos activos en servidores privados. Sería un cambio de paradigma en la industria, especialmente para los títulos que dependen de infraestructura online para funcionar.
La comunidad de jugadores sigue de cerca el proceso legislativo, esperando que el ruido político no acabe sepultando una causa que, en su esencia, trata sobre algo tan fundamental como el derecho a usar aquello por lo que has pagado.